Anatomía de un berrinche

Cambiar algo en el papel suena sencillo.

Cambiar solo requiere disciplina, eso es la parte “fácil”, en el sentido de que depende de tu voluntad de hacer las cosas.

El tema es que conforme avanzas, hay resistencia, hay ansiedad, hay “peligro”, hay incomodidad, hay ese sentimiento raro de no ser tú, de desconocerte un poco, de sentirte extraño y no dominar la situación, la cotidianeidad.

Y no es otra cosa más que tu cuerpo/ser/mente/espíritu incomodándose porque desconoce todo esto que estás haciendo, y ahí es donde empiezas a dudar, ahí es donde comienza el caos, comienzan los peros, las excusas, el modo pretexto.

Es ese momento donde te preguntas si está bien esto que estás haciendo, porque en el colectivo social te dicen que hay que escuchar a tu cuerpo, y sí, hay que escucharlo, pero también hay que entender el momento por el que está pasando y saber cuándo sí hacerle caso y cuándo es un berrinche.

Sí, así como cuando tu hijo llora, tú sabes que no siempre es porque le duele algo, a veces llora por berrinche, porque puede y sabe que así puede chantajearte y obtener lo que quiere, no porque es saludable sino porque así lo quiere.

Bueno, a veces el cuerpo/ser hace sus berrinches y tu chamba es saber identificar cuándo es un dolor genuino que requiere atención —especialmente en temas de salud— y cuándo es un berrinche que vale la pena ignorar o mínimo tratarlo como lo que es.

El primer paso es no subestimar lo que estás viviendo, puede que estés en medio de mucho estrés, preocupaciones, pérdidas familiares, duelos, deudas, etc. No los desestimes, así es como se hacen estas bolas de nieve que luego causan enfermedades y padecimientos que después no entendemos qué suceden si solo es un “poquito” de estrés. Tampoco te digo que hagas drama y te tires al piso por días sin hacer nada, solo que lo tomes en cuenta y hagas tu parte para resolver y sanar eso.

A darle people, bonito lunes.