Carta desde el futuro que nunca llegó

Llevas 20, 30, 40 años haciendo lo mismo.

Sí, te has movido, pero no era como te visualizabas cuando tenías 20.

Sí has hecho cosas diferentes, pero sigue siendo la misma chingadera.

No era la vida que te habías prometido.

En tus 20 no te creías capaz de hacer nada, tu vocecita interna te decía que eso era para gente pro, para empresarios y personas con mucho dinero, quién te crees para asistir a esos eventos de clase mundial.

Llegaste a tus 30 y para tu buena o mala suerte hay una oleada de redes sociales quejándose de todo del sistema, de que la vida es muy injusta, de que tus papás no te dieron lo necesario para vivir, que el gobierno no hace lo suficiente para ayudar a la gente como tú, que por eso todos estamos jodidos. Es que los empresarios no piensan en nosotros, pagan muy poco y piden mucho y así no se puede.

Caíste en eso y pensaste que así era todo, que no tenías forma de cambiar tu vida. Te dejaste llevar por el pensamiento colectivo y no fuiste capaz de pensar diferente, que aunque las posibilidades son mínimas, tuviste la oportunidad de intentar algo distinto, algo que pudiera cambiar tu destino.

Incluso tuviste algunos mentores digitales que te decían que la vida no era justa, que hay que tener marca personal, que exponerte ante el mundo es algo genial que te podía abrir las puertas.

Ya eras genial, ya tenías un mensaje, ya tenías una voz, ya tenías un propósito, solo era que dejaras de preocuparte por el qué dirán, solo era ignorar esa vocecita que te decía que no lo hicieras, solo era ignorar a esos supuestos amigos que tenías y que por alguna razón te importaba mucho su opinión, solo era ignorar esas voces de tu entorno que te decían que no lo hicieras pero no admirabas la vida de ninguno y hasta te daba pena la forma en que vivían, pero aún así les hacías caso.

Solo era quitarte la pena y el miedo. Solo era querer explotar tu talento y el mensaje que tenías.

Solo era dejar de tenerle miedo al éxito, sí, literal como el meme que por aquellos años se hizo popular.

Si lo ves ahora a tus setenta y tantos, te das cuenta que no era tan difícil, pero aún así no quisiste hacerlo.

Ya no tienes ni la energía ni el tiempo para intentarlo. El cuerpo ya no responde igual, ya no tienes la agilidad mental, y lo único que te queda es ver cómo otros viven la vida que tú pudiste haber tenido.

Y duele más porque sabes que no era falta de talento o de oportunidades.

Era solo miedo.

Un pinche miedo que te robó décadas.

—R