Metas superiores
A inicios de año siempre hablamos de metas de año nuevo, “mi propósito es X”, “mi propósito es Y”. Pero en realidad no son propósitos, son metas u objetivos que nos ponemos y que algunas ni siquiera tienen sentido. Simplemente son cosas que año con año repetimos por default pero terminan por no cumplirse.
A una semana de terminar el año te acuerdas que otra vez no hiciste nada y te terminas por frustrar, porque no hiciste nada nuevo. ¿Lo peor? que ni lo intentaste, se te olvidaron a la semana que lo prometiste.
Algo que me ha funcionado bastante para ponerme focus en esto, es ligar mis metas a un propósito de vida, que a su vez está alineado a mis valores. Todo lo que haga tiene que abonar a ese propósito de alguna forma.
A esto le llamo “metas superiores”. No son metas sueltas tipo “bajar de peso” o “leer más libros” que flotan sin contexto. Son metas que están amarradas a un propósito de vida, que a su vez está alineado a tus valores. No son cosas que se te olvidan, son pasos hacia la persona que quieres ser.
Por ejemplo, el año pasado inicié mi cambio físico por un propósito muy importante: convertirme en papá en los próximos años. Este propósito está alineado a uno de mis valores: ser un padre presente y saludable.
Muchas cosas de mi vida giran alrededor de ese propósito de vida. Y ojo, no se trata de hacerlo por alguien más, claro que lo hago por mí, porque quiero sentirme mejor, hacer mejor las cosas y esto a su vez le traerá beneficios a mi familia. Pero lo más importante, porque cuando sea viejito quiero poderme limpiar la cola yo solo.
Esto me llevó a pensar en que tengo que estar sano y fuerte, enseñarles buenos hábitos de alimentación y de vida, cosa que a mí no me enseñaron y no era algo común en mi círculo social. No es drama, al final cuando me di cuenta de ello me puse a trabajar en eso a invertir tiempo, atención, dinero, incomodidad en ese proceso. Ya llevo 20 kg bajados y cada vez me siento mejor.
¿Qué hice para que este propósito fuera posible? Lo básico que muchos ignoramos:
- Ejercicio diario. No ir al gym cuando me daba la gana, sino hacerlo parte de mi rutina.
- Comer mejor. Dejar de comer pendejadas y empezar a darle a mi cuerpo lo que necesita.
- Dormir mejor. No solo tirarme 8 horas en la cama con el celular, sino tener una rutina de sueño real. Acostarme a la misma hora, despertarme a la misma hora.
- Tomar agua. Los 2 litros diarios que todos sabemos que debemos tomar, pero no tomamos.
Ir a terapia. Y ojo, no se trata solo de hablar de lo que me pasa. Se trata de cambiar conductas, entender de dónde vienen, trabajar en ellas. La terapia no es un lugar para quejarte, es un lugar para trabajar, y es un proceso que es incómodo, que duele, pero es muy necesario para entender de dónde vienen tus hábitos, tus formas de pensar y tu comportamiento en general.
Como te lo comenté en otro post, las piezas se empiezan a poner en su lugar y todo comienza a fluir mejor porque te sientes mejor, algo cambia dentro de ti.
Yo sé que suena a mamada, pero en serio, sí cambia algo.
Si sigues sin cumplir tus metas año tras año, igual conviene preguntarte si ya sabes lo que quieres, si ya tienes las metas/propósitos definidos, esos propósitos que me pongo año con año realmente son míos o son impuestos por el entorno.
Cuando tengas esa claridad, vas a ver que tus propósitos dejan de ser varios, y se vuelven en algo parte de ti, se vuelve una guía hacían lo que te quieres convertir.
Cero drama. Cero miedo. Nos vemos en el viaje. —R